Liturgia Del Verso
LITURGIA DEL VERSO
Amada mía que respiras detrás
de la granada secreta del alba,
desciende.
Que la luz desate sus caballos
sobre la hierba dormida de mis huesos.
Venga tu sombra
con sus lámparas de polen,
venga tu nombre
como una campana sumergida
en el océano de la memoria.
Tú,
que guardas en los párpados
la ceniza azul de los astros,
inclina tu frente
sobre el pan oscuro de mi silencio.
Que se abran los jardines.
Que el jazmín entregue su alquimia.
Que el agua recuerde
la antigua vocación de la lluvia.
Amada mía,
arca de niebla,
columna de música,
ciudad que navega bajo la piel de la noche,
haz de mi barro una estrella.
Haz de mi exilio una semilla.
Haz de mi sed una ventana.
Porque toda distancia
es apenas un puente de humo
entre dos fuegos que se buscan.
Y cuando el tiempo
abandone sus relojes
sobre la arena del sueño,
venga tu rostro,
no como quien llega,
sino como quien siempre estuvo
escrito en la raíz invisible
de la luz.
Amén de pájaros.
Amén de espuma.
Amén del agua que asciende.
Emerio Díaz
06-14-26
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